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PASAR POR EL ARO es una raya,
la línea infinita que persigue Aspasia.

Es una comedia social y deportiva,
que cala hondo y nos empapa.

Es la charca donde se desbordan nuestras emociones,
camino del llanto o de la risa,
cuando subimos al podio del HUMOR
y nos dejamos atrapar por la alegría... O la nostalgia.

PASAR POR EL ARO es el terreno de juego
donde luchamos a brazo partido
por nuestro derecho a existir…

¿Pero no veníamos al mundo con un pan bajo el brazo?

Será por eso que hay que depilarse los sobacos…


ALFONSO PABLO
director








CANTOS DE SIRENA

  Ir por la vida en bañador nos quita tonterías de la cabeza y de paso nos convierte en personas más sociables y extrovertidas, lo que supone un incentivo a la hora de chapotear. Al fin y al cabo, uno de los auténticos valores del deporte, y mucho más de un deporte como la natación, reside en su facilidad para forjar amistades. Por eso PASAR POR EL ARO es, por encima de todo, un divertido canto a la amistad.


  Nació de forma sencilla mediante un canto mítico, el de una sirena, ese canto de Aspasia que te pilla con la guardia baja y te pone los pelos de punta.

  PASAR POR EL ARO es una experiencia emocionante, un hermoso delirio que nos ofrece la oportunidad de zambullirnos con Aspasia en la brillante piscina de nuestros sentimientos.

  Nadaremos a su lado siguiendo la estela del sacrificio y la constancia, así lo exige el deporte de alta competición, y comprenderemos que las palizas que se mete esta gente entre pecho y espalda no son normales… Son épicas. De las que marcan para toda la vida.


  PASAR POR EL ARO es la historia de una de esas marcas. Una marca muy personal que sin duda nos hará reír pero que también nos inundará de ingenuidad y dulzura. De paso, y sin darnos cuenta, iremos llenando nuestros pulmones de una gélida nostalgia y de una alegría desbordante. Cosa distinta será llenar el estómago, porque el deporte produce siempre un hambre infinita.

SERGIO PLOU
dramaturgia








EL ALTO RENDIMIENTO

  Ahora se estila mucho pasar por el aro. No damos abasto y es frustrante, pero nos parece normal, así que de tanto pasar por el aro todo anda manga por hombro.  Nos duelen los huesos, las articulaciones, vivimos quemando etapas sometidos a un estrés permanente, y es muy común ver a la gente al borde de la extenuación. Y con el colon muy irritable…


  Tal vez por esa razón, cuando las autoridades sanitarias nos recomiendan que vayamos a nadar, que hagamos algo de deporte, nos suena a guasa. Porque lo único que deseamos es tumbarnos a la bartola en el sofá y olvidarnos de todo. Y si no que le pregunten a Aspasia, que en su juventud fue toda una pionera del alto rendimiento, una mujer que luchó contra el cronómetro y que sabe de primera mano lo que es competir.


FACULTAD MERMADA
compañía teatral

            

H2O

    De jovencita, durante mi época como nadadora de alto rendimiento, hice grandes amigas. Ya han pasado unos cuantos años y con muchas de ellas todavía mantengo fuertes lazos de amistad. Hemos pasado por un montón de cosas juntas y da igual que vivamos a cientos de kilómetros las unas de las otras, porque seguimos siendo compañeras de fatigas.

   Siempre sacamos un rato para hablar por teléfono y nos wasapeamos a menudo. Estamos pendientes las unas de las otras e incluso organizamos quedadas. Y cada vez que nos encontramos siento por dentro una emoción muy intensa, como si no hubiera pasado el tiempo y volviera a estar todo en su sitio otra vez.

    Ahora somos mayores, mujeres hechas y contrahechas, con los achaques y dolencias que nos produjo el deporte de alta competición, al menos tal y como se practicaba entonces… Que se hacían muchas burradas.

     Ya tengo medio siglo a las espaldas… Y con cincuenta años de experiencia se ve la vida con cierta perspectiva.

    Ahora sé que la competición es tan dura que sólo llegan las más dotadas y que muy pocas triunfarán después en los encuentros internacionales: con un sacrificio inmenso, con mucha constancia y con una dedicación absoluta.

    Pero entonces, cuando competía, no reparaba en estas cosas. Era fuerte y valiente, y estaba sana. ¿Qué más le podía pedir a la vida?

    Tuvo que pasar un tiempo para que mi propio cuerpo comprendiera que una cosa es ganar y otra muy distinta hacer deporte. Que el deporte es salud. Y que competir es un espectáculo.



    Pero recordamos siempre a las que suben al podio, a las que ganan, y siempre olvidamos que detrás de cada medalla existen cientos de mujeres que se quedaron atrás.

    A la inmensa mayoría, y en el mejor de los casos, nos empujó la vida hacia las profesiones más dispares. Pero casi todas seguimos de cerca el mundo del deporte y continuamos nadando. Algunas además han tenido la oportunidad de alargar su carrera deportiva entrenando a las siguientes generaciones de chavalas. Otras son profesoras de educación física. Las hay que se ocupan de instalaciones deportivas y un puñado de directivas continúan luchando contra corriente.

    El mundo del deporte sigue siendo un ámbito social muy masculino, dedicado a la competición y de manera estelar al fútbol. Y nos llevará años cambiar estos parámetros. Sin embargo, las personas que hemos vivido el deporte desde muy pequeñas, sabemos que divertirse es algo fundamental. Que las amistades que se crean alrededor de una actividad deportiva son para siempre. Y que haciendo ejercicio de una forma sana y habitual vamos construyendo de paso una mentalidad más abierta y sociable.

    Soy consciente también de que mi experiencia como nadadora de élite no hubiera sido posible sin nuestras valientes pioneras, personas como Margot Moles, cuyo ejemplo resultó crucial en los momentos más difíciles.

    Y cada vez que piso un escenario siento que me acompañan todas mis amigas.

    Y sigo notando que en nuestros corazones sigue latiendo una sirena...


Por mí, por todas mis compañeras, y por mí primera.

HELENA CASTILLO
Aspasia